Por Leire Agüero
Todo ha estado oscuro a mi alrededor. Hacía frío y no tenía con qué cubrirme. Me sentía sola, muy sola. No podía compartir los segundos de mi vida. Estaba perdida. No daba con la salida: ese resquicio de luz que te atrae, te atrapa y te arropa. No discernía entre la risa y el llanto, la felicidad y la tristeza. Todo era un vaivén, un ton ni son.
Estaba perdida. Era un tropezar con una piedra y otra y otra… hasta que no sentía dolor. El dolor ya no era dolor, era un sexto sentido más. Perdía el aliento, la respiración. El aire no corría, me acosaba, estaba cargado de tristeza, de desidia, de desgana. Seguir leyendo «Llegaste para dar luz a mi vida»
