Me quedo con esas conversaciones de mañana, de tarde o de madrugada. Esas de celebración en las que alguien te cuenta que ha llegado a su meta. Esas que vienen siempre con tu mejor amigo y una caña, en las que por un rato consigues evadirte de tus problemas, o aquellas en las que las penas son menos graves.
Esas de ascensor que intentamos evitar siempre cuando te cruzas con la vecina del cuarto, o las que se reducen a un frío hola’ mientras cuentas mentalmente los segundos que faltan para llegar a tu piso. Seguir leyendo «Me quedo con esas conversaciones»

