El hada de los sueños mágicos

El hada de los sueños mágicos

#cuentosdeNavidad

Érase una vez un hada llamada Lorelei

Cada 30 de diciembre, a las once de la noche, se adentraba volando en cada una de las 1.000 casas que seleccionaba aleatoriamente con su varita mágica. Se colaba sigilosamente en las viviendas, cual pajarillo, y observaba a sus habitantes. Leía sus pensamientos y se impregnaba de las tristezas que les embargaban, de sus miedos y de sus inseguridades. Necesitaba descubrir aquello que anhelaban. El hada, muy sabia, se negaba a que envejecieran, sin que hubieran hecho realidad sus sueños.

Lorelei, un hada con cabello largo y rubio, lucía un precioso vestido vaporoso, rosa empolvado, tejido con perlas de agua dulce. Su capa plateada estaba hecha de polvo infinito. Estas diminutas partículas contenían las virtudes de la humanidad: la Humildad, la Honestidad, la Valentía, la Prudencia, la Justicia, el Amor…

Cuando llegaba el 30 de diciembre entraba por el resquicio de una puerta, por la abertura de una ventana, o sencillamente buscaba un hueco por donde introducir su menudo cuerpo, y sus imponentes alas. El hada se acercaba aleteando a los rostros de los humanos, los miraba intensamente, respirando muy hondo, y esparcía sus polvos mágicos.

De pronto un año, sin saber porqué, las Navidades fueron diferentes.

Una niña dormía plácidamente en su cama. Tenía el cabello oscuro; sus tirabuzones caían por la almohada a la que se aferraba con las dos manos. Lorelei perdió la noción del tiempo sobrevolando sobre su rostro; sus pensamientos le resultaban maravillosos. El hada, por primera vez, no roció su magia. Una energía especial le ataba a ese lugar, a esa pequeña criatura.

El segundo diciembre que visitaba a la niña, el hada seguía cautivada por su creatividad, por su bondad, por su extraordinaria aura; embelesada, sobrevolaba por encima de su cuerpo, leyendo sus pensamientos. Y nuevamente decidió proseguir su trabajo y regresar al año siguiente.

Y así al siguiente, y al siguiente…

Hasta que llegó el día en el que la niña de los tirabuzones oscuros se había convertido en una anciana de 95 años. El hada sobrevolaba su cabeza, pero en esta ocasión ya no podía leer sus pensamientos.

Millones de estrellas fugaces invisibles viajaban a su alrededor. Lorelei aleteaba, observando cautelosamente el rostro envejecido que tenía frente así. El momento que durante tantos años había barruntado, había llegado.

El hada agarró su varita, tocó suavemente su arrugada mano, y con dulces lágrimas en los ojos le susurró:

– A partir de ahora, juntas volaremos.

*Dedicado a princessinthecity
Te encontrare

Desde el otro lado

#PoemasDeOtoño

Busco entre las hojas amontonadas bajo el árbol.

Doy manotazos de derecha a izquierda;
con una, con las dos manos,
con la punta de los zapatos.

Hojas y más hojas.

Se deslizan por el cuello del jersey.
Se esconden en las mangas.
Se cuelan por los tobillos,
bajo el pijama.

Un intenso latigazo me activa el torso.
Una fuerza invisible me eleva.
Las lágrimas gotean durante el ascenso,
y se estrellan contra el suelo.

Las hojas secas se abren paso.
Bailan al ritmo del fuerte viento.
Me saludan desde el otro lado.
Y de repente, te veo.

Mi verano en Malta: #Historiasdeverano

Mi verano en Malta

Concurso de relatos #historiasdeverano

Sara, tengo que contarte lo que me ha pasado este verano

Ya sabes que mi abuela tiene una pequeña casita en Malta. En muchas ocasiones me ha animado a que vaya a pasar un tiempo para huir de la rutina. Pero Sara, no se puede escapar de los recuerdos; son un muro de cemento infranqueable.

Pues este pasado 10 de julio sin meditarlo, cogí el primer vuelo que salía de Bilbao; sin billete de vuelta, sin maleta, solo con cuatro trapitos en una mochila.

Una vez en casa, dejé la bolsa sobre el pequeño taquillón que estaba en la entrada, y salí a pasear por La Valeta. No recordaba lo agradable que era caminar por esa ciudad tan hermosa, tanta belleza aglutinada en tan poco espacio.

¡Ay, Sara! cuántos secretos de mi infancia se escondían entre esas calles. Seguir leyendo «Mi verano en Malta»

La luz que no puedes ver

La luz que no puedes ver

#historiasdeamor

La detective Luz se encontraba en su octavo mes de embarazo.

Su superior tuvo que suspenderla, sin motivo, para que cogiera la baja de una vez. Eran cuantiosos los chismorreos que se expandían por la Central como que en cualquier momento se la iban a encontrar danto a luz en los pasillos, o en su despacho sola tecleando en el ordenador o, en la impresora de la primera planta, donde acostumbraba a imprimir sus trabajos de investigación.

Luz era una mujer luchadora, valiente y sobre todo constante y coherente con sus principios. Desde que cumplió la mayoría de edad tenía muy claro que no quería ser madre. Su objetivo era descubrir mundo, aprender cosas, conocerse a sí misma. Le encantaba resolver problemas. Encontrar la solución a las contrariedades que le rodeaban. Leía mucho y escribía más. Y en la intimidad de su habitación se envolvía en su pequeña burbuja, donde se sentía protegida y en paz.

Relaciones no le faltaban. Es más, las buscaba y las propiciaba. El sexo le gustaba. Pero ningún hombre la llenaba, ninguno lograba marcar un punto y seguido en su vida.

La Central le nutría 100 % pero, empezó a notar un vacío maternal a sus 40 años. Luz se sentía absolutamente contrariada. Cómo podía ser eso posible. Cómo reclamaba la necesidad de engendrar cuando hacía menos de un año se había puesto el DIU.

Así pasaron algunos años. Cada vez más, perdía las esperanzas de formar una familia. Inevitablemente, ninguna pareja fraguaba.

Una mañana, la detective, siguiendo al sospechoso de su caso principal fue protagonista visual de un aparatoso accidente. Desafortunadamente un camión chocaba brutalmente contra un coche en el que se encontraba una mujer junto a su marido y sus dos pequeños. La familia salió ilesa del vehículo. Luz se sintió más aliviada.

Al llegar la noche y regresar a su casa, la detective se dejó caer en su mullido sofá, donde pasaba habitualmente largas horas leyendo. El accidente la había marcado visual y psicológicamente. Movía la cabeza confundida, se negaba a sí misma, lo que realmente bullía en su interior.

A sus 43 años se dijo en voz alta.

¡Seré madrel!

El sueño de la niña que escribía

El sueño de la niña que escribía

#Historiasdemujeres

Mientras trabajo necesito sonido de fondo, voces que me den fuerza, que me evadan de este trance en el que estoy envuelta

Doy a parar con una serie en la que la protagonista quiere ser directora de cine. Escribe un guion romántico; tiene un accidente en un viaje en metro; un atentado, en el que estalla una bomba. Y le nace iniciar un nuevo guion contando lo que sufrió, documentándose para que la obra sea sublime. Entusiasmada se lo presenta al profesor de la asignatura Dramática, y este le recomienda retomar el primero, el “romanticón” ¡sí! porque el fatídico no da la talla. Seguir leyendo «El sueño de la niña que escribía»

La princesa triste: capítulo uno

La princesa triste: capítulo uno

Por Leire Agüero

Belinda se asomaba a la ventana.

Su largo vestido de hilo rosa recorría el suelo alfombrado, casi deambulando.

Sus sedosas telas se movían al compás de sus andares, cual bailarinas al son de una melodía lejana. Sus suaves manos retiraban delicadamente las cortinas de seda. Con sus enormes ojos desvelaba el basto paisaje.

Miraba y miraba desde las alturas.

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La señorita Loli, una pincelada maestra inolvidable en el Colegio La Milagrosa; Córdoba

La señorita Loli, una pincelada maestra inolvidable en el Colegio La Milagrosa; Córdoba

Mis primeros recuerdos escolares se remontan a cuando tenía cinco años, y cursaba el vintage «Primero de EGB» en el Colegio La Milagrosa

Por aquel entonces mi familia sufrió un cambio radical. Nos trasladamos por motivos de trabajo de mi aita («padre» en euskera) a Córdoba.

En mi tierra natal, el País Vasco, mi hermana, dos años menor, y una servidora ya habíamos comenzado el curso. Súbitamente, cual novatas, nos encontramos en la ciudad andaluza, en un colegio que se asemejaba más a una catedral, que a una aula para niños; repleto de monjas, y únicamente rodeadas por compañeras de estudio; niñas. Seguir leyendo «La señorita Loli, una pincelada maestra inolvidable en el Colegio La Milagrosa; Córdoba»