Te sigo esperando

Te sigo esperando.
Luces de navidad en línea,
que alumbran intermitentemente.
Seguidas, unas detrás de otras.


Un final sin horizonte.
Un ocaso que parpadea,
se ilumina y se apaga,
como un soplo apenado. 


Sigo el hilo de la luz con la mirada.
Quiero descubrir a dónde me lleva.
Su susurro me desvela llantos profundos,
efímeros, hirientes, livianos.


¡Navidad, destello adorado!
¿Qué hay detrás del tic-tac de tu baile programado?
¿Qué camino espera?
Sí, no…
No o, sí…
 
Atravieso el río del Belén.
Siento la aspereza de las rocas.
Penetra el frío en mi piel.
Se padece como él.

Cierro los ojos.
Las luces hacen mella,
agrietan tímidamente mis párpados.

¡Dichosa cruz!
Te cala.
Te quema.
Te sangra.

Aprieto con más fuerza mis ojos.
Tu rostro, tú te desvaneces.
Y se hace la nada.

Vago apesadumbrada el final del trayecto.
Cada año espero el gran año.
El año que no llega.
El año que desespera.

La esperanza danza humilde.
La alegría le echa un pulso a la tristeza.

Porque te reanudo.
Porque te creo.

Porque te seguiré esperando.

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